El mayor miedo de un CTO al plantear una migración a la nube no es el costo, ni la curva de aprendizaje: es el Downtime (tiempo de inactividad).
La idea tradicional de “apagar el servidor el viernes por la noche, copiar los datos y rezar para que todo prenda el lunes en la mañana” es una ruleta rusa que las empresas modernas no pueden permitirse.
En Tijiki, ejecutamos migraciones donde el usuario final ni siquiera se entera de que el sistema cambió de casa. ¿Cómo lo logramos? No es magia, es una orquestación precisa de servicios de AWS y patrones de arquitectura.
Aquí te explicamos la estrategia de “Replicación Continua y Corte Gradual”.
Fase 1: El Puente Híbrido (Conectividad)
No puedes mover datos de forma segura si no tienes una carretera privada. Antes de mover un solo byte, debes establecer una conexión segura entre tu datacenter (On-Premise) y tu VPC en AWS.
- VPN Site-to-Site: Para migraciones pequeñas o medianas. Rápida de configurar.
- AWS Direct Connect: Para grandes volúmenes de datos. Es un cable de fibra óptica dedicado desde tu proveedor hasta AWS. Garantiza latencia y ancho de banda.
Fase 2: Los Datos (El Corazón de la Migración)
Aquí es donde fallan la mayoría de los proyectos. No puedes simplemente hacer un “Dump & Restore” porque mientras copias, los usuarios siguen escribiendo datos nuevos en el sistema viejo.
La Solución: AWS Database Migration Service (DMS)
Usamos una estrategia llamada CDC (Change Data Capture).
- Carga Full: DMS copia toda la base de datos histórica a AWS (RDS o Aurora) mientras el sistema viejo sigue activo.
- Replicación Continua: Una vez termina la copia histórica, DMS se queda “escuchando” los cambios. Si un usuario crea un pedido en el servidor viejo, DMS replica ese pedido en AWS en milisegundos.
- Sincronización: Ahora tienes dos bases de datos idénticas en tiempo real.
Fase 3: La Aplicación (Lift & Shift vs. Refactor)
Mientras los datos se sincronizan, subimos la aplicación.
- Opción A (Lift & Shift): Tomamos tu servidor virtual o contenedor actual y lo desplegamos en EC2 o ECS tal cual está. Es rápido pero no aprovecha las ventajas de la nube.
- Opción B (Re-platform): Movemos tu aplicación a contenedores gestionados (Fargate) o adaptamos el código para ser Cloud-Native.
El truco aquí es que la aplicación en AWS se conecta a la base de datos de AWS (que ya está sincronizada).
Fase 4: El Corte (Traffic Shifting)
Este es el momento de la verdad. En lugar de un “Big Bang” (cambiar todo de golpe), usamos AWS Route 53 (DNS) para un cambio gradual.
Imagina que tienes una tubería de agua y abres la llave poco a poco:
- Canary Deployment: Configuramos el DNS para enviar solo el 5% del tráfico a la nueva infraestructura en AWS. El 95% sigue en On-Premise.
- Monitoreo: Si ese 5% no reporta errores, aumentamos al 20%, luego al 50%.
- Full Switch: Cuando estamos seguros, enviamos el 100% del tráfico a AWS.
- Apagado: Solo cuando el tráfico en el servidor viejo llega a cero, desconectamos el sistema On-Premise.
El Plan de Rollback (El Paracaídas)
Ninguna estrategia está completa sin un plan de retroceso. Gracias a la replicación bidireccional, si algo falla en AWS durante la fase de prueba (ese 5% inicial), simplemente revertimos el DNS y todo el tráfico vuelve al servidor antiguo al instante. El riesgo operativo se reduce a casi cero.
Conclusión
Migrar a la nube no debe ser un salto al vacío. Es un proyecto de ingeniería que requiere precisión, herramientas adecuadas y experiencia. Pasar de On-Premise a AWS te da agilidad, pero el proceso de llegada debe ser tan sólido como la infraestructura misma.
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